Aquí os dejo un vídeo con la nueva campaña de El Refugio para estas Navidades. Bajo el eslogan “LleVÁme a casa”, y con cuatro perritos disfrazados de langostinos, la campaña pretende concienciar sobre la adopción frente a la compra a la hora de adquirir animalitos. Con la adopción en centros autorizados, no sólo damos un hogar calentito a muchos perritos y gatitos que no tienen familia, sino que además ayudamos a luchar contra las mafias que se dedican a ‘criar’ animales para ser vendidos en establecimientos. Estos animalitos suelen ser concebidos y maltratados hasta que llegan a las tiendas, donde luego permanecen cosificados en escaparates y en jaulas con un espacio mínimo hasta que alguien los compra. Seguid el consejo del Refugio, si estas Navidades no podéis llevaros un langostino a casa -que hay crisis oye-, llevaros un perrito o un gatito, pero adoptado… Por cierto, uno de los perritos disfrazados es amigo mío y me cuenta que han pasado un vergüenza horrible disfrazados de langostinos, pero bueno, todo vale por una buena causa.
Perdón por el título, pero hoy la cosa va de cacas. El Ayuntamiento de Madrid ha decidido subir de 90 a 1.500 euros las multas por no recoger las cacas de los perritos que buenamente no sabemos usar el water y tenemos que utilizar las vías públicas, con mucho pudor, eso sí. Es curioso, porque a mi amito le sale más barato pegarme un tiro, abandonarme en una cuneta o colgarme de un árbol que el hecho de no recoger mis cacas. Como comenté en este blog, al que pegó dos tiros a las gatitas Mica y Calcetines le multaron con 444 euros y eso fue una gran noticia, en otros casos de maltrato las multas no llegan ni a 150 euros. En fin, espero que mañana cuando baje no se hayan acabado las bolsitas negras -que ésa es otra- a ver si mi dueño se lo va a pensar dos veces. Gluc.
Hola a todos. Rompo este silencio bloggero (es que Lola y yo hemos tenido un distanciamiento) para ayudar a un amigo perdido. Se llama Peludo y desapareció el día 10 de octubre por la zona de San Bernardo (qué cosas), en Madrid. Por favor, hago un llamamiento a todos los perros que paseen a sus dueños por esa zona para que estén atentos a ver si ven a Peludo o encuentran alguna pista que nos pueda aclarar algo. El dueño de Peludo está desesperado y ha abierto un blog donde ofrece una lista de 20 ‘favores’ a quien encuentre a su perro, así que, si lo consigues, te hará la paella todos los domingos durante un año, hará a tu dueño la declaración de la renta, o, la más sacrificada, según mi experiencia, montar los muebles de IKEA, que una vez me quedé yo encerrado toda una semana en una estantería Gronhol porque mi dueño se hizo un lío con las instrucciones. Bueno, lo dicho, a encontrar a Peludo. (Bubu)
Ayer, en mi paseo de todas las tardes, me encontré con la Neni. La Neni es una perrita del barrio, un tanto vieja y cascarrabias, que se aprovecha de mi ingenuidad para contarme historias que me asustan. Reconozco que a veces me las he creído, pero ya me he dado cuenta que son cosas impensables y que yo también soy ya perro viejo como para creerme esos cuentos.
La Neni me contó que los humanitos tienen una fiesta en la que se juntan muchos humanitos, miles de humanitos, para hacer sufrir a un animal. Que curiosamente ese animal es muy querido, supuestamente, por esos humanitos. Y que primero lo golpean para que salga asustado del corral, luego lo marean con un trapo rojo y casi inmediatamente le clavan una especie de arpones en el lomo para que no pueda defenderse bien. Y cuando aún no se ha recuperado del susto, dos pares de arpones más pequeñitos para debilitarle aún más.
Esta Neni, de verdad, se cree que soy tan ingenuo, meditaba yo mientras seguía con su ladrerío.
Siguió contándome que luego volvían a marear al animal con el trapo rojo y que al final, el humanito del trapo rojo sacaba un cuchillo largo y afilado que entraba por el lomo del animal para desgarrarle el corazón y los pulmones. Después, si el animal resistía, le clavaban un cuchillo en la nuca directamente para romperle la médula espinal y provocar su caída a la arena. Y no contentos con eso, muchas veces le arrancan las orejas y el rabo (ufff, cómo me duelen las mías sólo de pensarlo)
Desde mi blog, Neni, te digo que si yo fuera uno de esos perros inocentones, la verdad es que conseguirías asustarme. Pero hay que tener imaginación para contar algo así. Sé que hay humanitos que no se portan bien con los animales pero vamos, de eso a que haya una fiesta humanita en la que se torturen y asesinen animalitos… Vaya imaginación que tienes.
Por fin me deja Lola meter pezuña en este blog. La verdad es que estoy indignado y cansado de leer noticias en la prensa en la que los animales son tratados como objetos tanto por algunas personas como por el estado y el gobierno, tan permisivos con ciertas prácticas contra los animales. Hoy me ha llegado al alma esta noticia que publica 20 minutos en la que cuentan la historia del humanito Tino, cuyos perros fueron sacrificados en una perrera porque él no pudo pagar la ‘fianza’ para sacarlos. La cosa es que él había estado ingresado 14 días en un hospital y, al ser indigente, sus tres perritos fueron recogidos en la perrera municipal. Cuando salió del hospital fue a recoger a sus niños y cuál fue su sorpresa al comprobar que habían ’sacrificado’ a dos, a Loco y a Indio. Yo prefiero la palabra ‘asesinado’, pero parece ser que ’sacrificado’ es la que se usa en el mundo humano para estas cosas. Floppy todavía estaba vivo, pero como Tino es pobre y no tenía dinero para pagar, no pudo rescatarlo tampoco. Ahora Tino vaga por las calles con la única compañía de las fotos de Floppi, Loco y el Indio como veis en la foto. Voy a ver si me entero de algo más de esta historia porque en todo hay dos versiones, pero, ¿matarlos? ¿y en 14 días?… Ay, yo me pregunto: si nos pincháis, ¿es que no sangramos? En fin
Escuchando hoy una canción de Mecano en mi iDog he recordado la historia de la perrita Laika, el primer ser vivo que viajó al espacio. Lo hizo hace más de 50 años y no por voluntad propia. Laika era una perrita callejera que habitaba en las calles de Moscú y que fue capturada por los rusos para ser enviada al espacio a bordo del Sputnik 2. Su hazaña demostró que era posible sobrevivir en condiciones de microgravedad, que no sé bien qué significa pero debió de ser muy importante. Aunque Laika murió a las cuatro horas de ser lanzada al espacio, los rusos supieron ocultar este hecho a la opinión pública, que, sensibilizada con la historia de la perra astronauta, contribuyó a crear todo un mito perruno que dura hasta nuestros días. En algunas partes del planeta afirmaban haber visto a Laika caer en paracaídas desde el cielo. Otros denunciaron este tipo de experimentos con animales, por ejemplo, en Inglaterra la Liga de la Defensa Nacional Canina organizó marchas de protesta guardando diariamente un minuto de silencio por la perrita.
Después de Laika los rusos enviaron a muchas perras más al espacio, y algunas de ellas sobrevivieron. La razón por la que sólo se enviaban perras era porque podían hacer pis sin levantar la pata y podían permanecer así en espacios más pequeños, qué cosas. Aquí van algunos de sus nombres para el recuerdo: Otvazhnaya (Valiente), Snezhinka (Copo de Nieve), Bars (Pantera), Lisichka (Zorra), Belka (Ardilla), Strelka (Flechita), Pchelka (Abejita), Mushka (Mosca), Damka (Damita), Krasavka (Bella), Chernushka (Negrita), Zvezdochka (Estrella), Verterok (Viento), Ugolyok (Carbón) y muchos otras otras perritas sin nombre…
Soy Bubu. Detrás de este nombre tan ñoño que me pusieron por culpa de un muñeco de uno de los hijos de mi familia adoptiva se esconde un perro con mucha personalidad, o por lo menos así me defino yo. Según me contaron años después, las opciones eran Bubu o Mosito, así que no salí tan mal parado. Mis ‘papis’ no paran de quejarse de lo mucho que ladro, pero antes de que aprendiera a teclear en el ordenador era mi única forma de comunicarme con el mundo. Y justo ahora, cuando he desarrollado una velocidad de 350 pulsaciones por minuto -título oficial incluido- leo que unos investigadores húngaros han desarrollado un software capaz de traducir los ladridos de los perros. A buenas horas mangas verdes.