A mi amigo Triana cuando le cortaron las orejas y el rabo le quitaron algo de su personalidad. Era muy pequeño sí, pero a mí me contaba que se sentía raro y se veía muy feo en el espejo. Ahora ya se ha acostumbrado, pero si le hubieran preguntado, seguro que hubiera preferido permanecer entero. El caso es que me he acordado hoy de esto porque en Brasil han prohibido la cirugía estética en animales (la no consentida por ellos, claro) y, quieras que no, aparte de ser una alegría para los gatos y perros cariocas, es una esperanza para todos los que vivimos en países que todavía permiten algunas de estas prácticas. A los gatos no nos suelen cortar ni orejas ni rabos, aunque sí a algunos les extirpan las falanges (desungulación) para que no haya uñas que puedan destrozar sofás, con lo bonitos que quedan con las tripas fuera -los sofás, claro-. Como ahora me he aficionado al fotosop, me he imaginado a mí misma así… Y casi prefiero que me quiten las uñas, oye.
